9. Jesús nos perdona y nos enseña a perdonar

OBJETIVOS:  

– Valorar la importancia de pedir perdón y perdonar.  

– Conocer que Jesús siempre nos perdona  

– Reflexionar sobre la importancia de pensar antes de actuar.  

MATERIALES:

– Canción perdón.

DESARROLLO: 

Les decimos a los niños que hoy vamos a hablar del PERDÓN. 

Les pedimos que recuerden situaciones en las que han perdonado o han sido perdonados y cómo se han sentido. 

¿Qué parábola contó Jesús para decir a todos que Dios es un Padre bueno que perdona y acoge siempre? Que la cuenten con sus palabras (parábola del hijo pródigo).  

Reflexionamos: 

  • ¿A quiénes perdonó Jesús? 

Hacemos ver a los niños que Jesús perdona a todos, pero una parte importante del perdón es estar arrepentido cuando hacemos algo que no está bien. 

Jesús también nos dejó un Sacramento para que celebráramos la FIESTA DEL PERDÓN, el sacramento de la Reconciliación o Penitencia. (Aprovechamos para hablarles de la celebración del perdón que realizaremos antes de la comunión). 

Finalmente vamos a reflexionar sobre la importancia de no actuar sin pensar “ porque como me van a perdonar,…”, para ello contaremos la siguiente historia:  

Los clavos en la puerta. 

Ésta es la historia de un niño que, todos los días, se peleaba con su hermano, con sus padres, con sus compañeros del cole,… 

Una tarde, su padre le entregó un paquete. El niño muy curioso lo desenvolvió rápidamente y se sorprendió muchísimo al ver ese extraño regalo: era una caja de clavos. 

El padre lo miró y le dijo: 

 “Hijo, te voy a dar un consejo: cada vez que pierdas el control, cada vez que contestes mal a alguien y discutas, clava un clavo en la puerta de tu habitación” 

El primer día, el niño clavó 37 clavos en la puerta. 

Con el paso del tiempo,  fue aprendiendo a controlar su rabia y la cantidad de clavos comenzó a disminuir. Descubrió que eras más fácil controlar su carácter que clavar los clavos en la puerta. 

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió los estribos. 

Su padre orgulloso, le sugirió que por cada día que se pudiera controlar, sacase un clavo. Los días pasaron y el niño logró quitarlos todos. 

Conmovido por ello, el padre tomó a su hijo de la mano y lo llevó hasta la puerta, y le dijo: 

“Has hecho bien, hijo mío, pero mira los agujeros… la puerta nunca volverá a ser la misma” 

El niño comprendió la enseñanza de su padre y la agradeció profundamente; se dio cuenta de que al enfadarse no sólo causaba daño a los demás, sino también a sí mismo. A partir de ese momento decidió actuar siempre guiado por el amor. 

Canción a modo de oración final: